(Breve) Acercamiento a la lingüística

La mala memoria para los recuerdos propios es algo que, supongo, nos afecta a muchos de un modo parecido al mío. Tiendo a superponer recuerdos, a mezclarlos en una nube vagamente borrosa en la que se mezclan días, situaciones y personas, y generalmente tampoco estoy segura de en qué año concreto acontecieron ciertos episodios. Sin embargo, hay algunos recuerdos que permanecen extrañamente claros y lúcidos y curiosamente suelen estar asociados a la lectura. Ahora, años después tengo la impresión de que esta lucidez inusitada, teniendo en cuenta lo difuso de mi bagaje memorístico está íntimamente ligada con el descubrimiento de alguno de los temas que he considerado importantes en mi vida.  Por tanto, es de agradecer haberme criado en una casa en la que se motivó mi acercamiento a la letra impresa ya que ahora reconozco el origen infantil de muchos de mis intereses en las lecturas de aquella remota época. Uno de los recuerdos que más fuertemente permanecen es la impresión que me causó la novela “1984” de Orwell. Pese a que ahora, vista con distancia, es una crítica que resulta en cierto modo fallida (fallida en tanto a que el sistema distópico que nos presenta se asemeja más a la sociedad y sus modos de producción- en todos los sentidos- capitalistas que a la intención original de crítica al stalinismo) uno de sus ejes vertebradores sigue siendo tremendamente válido y extrapolable a la actualidad: la transformación del léxico en un arma política y de control poblacional.

Esta cuestión acerca del lenguaje y sus perversiones me interesó en aquel momento, si bien de manera muy sucinta, pero lo suficiente como para permanecer en mi imaginario particular durante mucho tiempo. Fue consolidándose como uno de mis temas predilectos posteriormente, con otras lecturas que también tocaban el tema de manera más tangencial, como “Farenheit 451” que no toca la lingüística de manera expresa, pero expone de manera lúcida qué pasaría en una sociedad que censura el conocimiento y desprecia los libros, y en definitiva el lenguaje, que es su forma vehicular.

Tras estas lecturas adolescentes llegaron posteriormente autores como Derridá o Chomsky, con planteamientos ya fuera del ámbito literario y con enfoques científicos y la lingüística aplicada principalmente a la Historia y la Historia del Arte terminó por configurarse como un tema de especial significación e importancia. Actualmente, creo que uno de los problemas principales que se plantean en la enseñanza de las Ciencias Sociales se debe a una mala relación con la lingüística. Las ciencias numéricas poseen un lenguaje propio que no da lugar a engaño o interpretaciones, lo que no sucede con las letras. Es cierto que las humanidades poseen su propio sistema de validación, la rama lógica de la filosofía nos ha enseñado la multitud de falacias de las que huir cuando queremos argumentar debidamente, pero seguimos estando sujetos a la verbalización del discurso. Por la propia práctica cultural del habla y el lenguaje este da lugar a engaños, a zonas oscuras donde perdernos en las que se hace realidad la frase- manida por otra parte- de Barthes, quien afirmó que las palabras nunca son inocentes.

En un momento en que, como es el actual, el lenguaje político se retuerce hasta hacerlo incomprensible, dediquemos tiempo en escuelas y universidades a la lingüística. Seamos conscientes de nuestras propias carencias en ésta materia, planteemos una forma también de repensar nuestra lengua siendo conscientes de sus carencias y sus fallos y dejemos de verla como un compartimento estanco e inmutable.



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